martes, 10 de noviembre de 2009

Lo nuevo, la seriación y el prototipado I




 Supongo que ya conoceréis las tiras de Calvin y Hobbes, hace unos días releyéndome unas cuántas me encontré con una que me atizó en la cara una dosis de realidad.
 ¿Qué tiene de bueno la originalidad si no la puedes fabricar en serie? Habría que aclarar que no todo lo original, entendiendo original no como prístino (1ª acepción en la RAE) sino como distinto (6ª acepción en la RAE y más asumida, qué cosas tenemos) es necesariamente bueno (útil), aún así todo lo nuevo lleva consigo un factor sorpresa que es capaz de cegar nuestra razón hasta que se demuestre lo contrario.
 Supongamos el mejor de los casos, que cuando estamos originando (ahora sí 1ª acepción) cualquier cosa (desde un bloque de termoarcilla hasta un arpegio) estamos haciéndolo para que el resultado sea óptimo.
 ¿Por qué algo nuevo no puede ser seriado? ¿Pierde su sentido de original? ¿A partir de qué número, hablando en términos globales, se pierde este sentido de original? ¿Está lo nuevo avocado a ser mediocre hasta que otra cosa distinta aparezca y desvíe nuevamente nuestra corta atención de no más de dos minutos? ¿Se puede seriar algo nuevo sin que el dinero esté tranquilo previamente? Tengo demasiadas dudas entorno al tema todavía…

jueves, 5 de noviembre de 2009

SPH II (Sobre la previsibilidad humana)

Caso #3 (O de cómo nos gusta provocar conversaciones que sabemos a dónde van)
A:¿Qué se dice imprimido o impreso?
B:Depende
A:De si es la forma cojugada o el participio
B:Depende del sujeto
C: ¬¬

martes, 3 de noviembre de 2009

Sobre la previsibilidad humana

 Me dispongo a empezar un análisis (basado en hechos reales que me sucedan de ahora en adelante) sobre lo previsible de las personas, sin entrar en juicios de valor sobre la bondad o no del ser previsible.
 Debo aclarar de antemano y sin ningún resultado en mi haber, que me suelo rodear de gente que de una u otra manera son capaces de captar y mantener mi despistada atención (todo un mérito) y que esto implica que objetivamente (en el falso supuesto de que lo objetivo existiera) no les vincula a lo “no-previsible” si no a lo “igualmente-previsible que yo”.
Hecha esta aclaración inauguro la sección sobre lo previsible del ser humano.

  Caso #1. (O de la imposibilidad humana de enfrentarse a la previsibilidad)
Empiezo poniéndome como ejemplo (muy original en mí).
¿Nunca os ha pasado de estar cansados de vuestros propios comentarios? Esos comentarios tan típicos y manidos, que ya los has hecho tantas veces que el espacio suena distinto si no están. Pero que aún así son incontrolables, brotan de la boca de una (o de los dedos) a sabiendas de que los interlocutores (interlectores) están tan cansados como una misma, si no más, de escuchar las mismas gilipolleces una y otra vez.
Lo peor de este tipo de comentarios que a uno mismo le molestan de sí mismo es que desembocan en una sarta de frases predichas (pre-escritas) que NO queríamos oír (leer) y de las que no podemos huir, ya que, recordemos, fuimos nosotros mismos los que empezamos el círculo.
Pero aún así, a pesar de la desesperación que implica, hay algo que reconforta en todo esto, y es que necesitamos saber, de vez en cuando, que las cosas siguen estando donde estaban.
 
Caso #2. (O el estudio del caso Sevillano)
A: ¡He ido a ver una película muy chula al cine!
B: ¿Sí o qué?
A: ¬¬ (lo sabía)

lunes, 2 de noviembre de 2009

NIPIR



(un pequeño cuento que le escribi a una amiga no hace mucho)




Niña, incesante, pequeña,  inconstante y rutilante…

   
    Nipir cumple cinco años cada día,
cada día crece veinte, luego juega con todos ellos,
los manosea, los tira, los rompe, los deshace
y finalmente los pierde.

    Nipir sigue cumpliendo cinco años cada día,
sus cinco años que cuida,
aunque no los quiera a veces,
aunque a veces le parezcan pocos y otras veces,
cuando inesperadamente le crecen veinte,
le parecen ser demasiados.
    Nipir no cesa de reír, pero tampoco cesa de llorar,
hay veces que es capaz de hacerlo todo a la vez…
incluso reír y llorar….
cuando crece llora más… ¡no! , cuando crece ríe más…
no se puede decir qué es lo que hace más Nipir
porque todo lo que hace Nipir es mucho.
    Nipir cuenta cuanto llora infinitas veces más una,
y cuenta cuanto ríe infinitas veces más tres,
aunque a veces se le olvida contar las veces que ríe
y necesita que le recuerden las risas que no contó.
     
    Nipir todo mucho, pero poco.
   
    Nipir quiere mucho pero poco tiempo,
Nipir camina mucho y de repente se para,
Nipir salta tan alto que al caer tarda mucho en rebotar.
   
Para Nipir hay una o ninguna cosa imposible,
pero eso aún no lo sabe porque es muy pequeñita.   
Desde que Nipir aprendió a contar, hace un año,
cuenta todo lo que pasa,
cuenta sus pasos,
cuenta sus años a lo largo de cada día,
cuenta las horas que han pasado y las que pasarán,
cuenta sus amigos(a, con, para),
cuenta amores,
cuenta su familia,
que a veces se hacen más grandes y otras veces más pequeños,
dependiendo de la distancia con la que mire.
Nipir cuenta músicas imposibles e infinitas…
por contar Nipir es capaz hasta de contar la cantidad de luz que emite el sol,
¡Y hasta de cien bombillas!
    Cada cosa que cuenta Nipir es suya,
cada cosa que cuenta Nipir es ella.
    Nipir es sus pasos dados y los que dará,
es sus amigos, es amores, es familia, es música y es rutilante,

aunque a veces la luz que absorbe de luces fatuas apagan la que ya tenía.
     
      Nipir cumple cinco años cada día.

sábado, 31 de octubre de 2009

Palabras


Me encantan las palabras, creo que hay pocas cosas que me gusten tanto como las palabras, su origen, sus connotaciones, sus múltiples significados, sus excepciones, la evolución de las mismas, la no existencia de ciertos términos en según qué países… creo que las palabras (al igual que el dibujo, para las personas que gozan de esta habilidad) forman el pensamiento de las sociedades, dan forma a su escala de valores, ayudan a expresar sentimientos que no en todas las geografías se sienten ni por supuesto de la misma manera, sólo hace falta comparar los matices de palabras en mayúsculas de cualquier época como por ejemplo AMISTAD, en diferentes culturas (a veces sólo hace falta cambiar de cabeza) para darse cuenta de la importancia de la palabra como herramienta no sólo para transferir información sino para entender el mundo, sin las palabras no podemos entender muchísimos conceptos tangibles y casi ninguno de los intangibles.
La elección de nuestras palabras es tan rápida que casi podríamos decir que es intuitiva (en realidad no pienso que el uso de las palabras sea realmente inconsciente, pero a veces ocurren errores interesantes), ahí radica el interés fundamental de la palabra, en el análisis de porqué elegimos ciertas palabras y no otras similares y no iguales para expresar ciertos conceptos, Obviamente, y como consecuencia de una operación inversa todo lo que creemos a partir de un lenguaje autómata carece de interés alguno.
Esto ha pasado sobre todo con la publicidad (siento debilidad con la publicidad), que ha creado palabras que hacen que pensemos en el modo de generación de la misma y que nos transporta al concepto que nos quieren vender automáticamente y con total voluntad y sumisión por nuestra parte, todavía recuerdo las primeras veces que usaban las primeras letras de las palabras para llamar a los programas y los sitios de moda, CBC (“chico busca chica”, el famoso bar de al salir de clase, con una fantástica Elsa Pataki de nariz original) QMD ( “qué me dices” formato que se repetiría hasta la saciedad una y otra vez y lo que nos queda), CQC (“caiga quién caiga”, que vino después con sus chicos de negro)... y yo que venía usando este método como regla nemotécnica para subsanar mis problemas de memoria selectiva, resultó que servía también para poner a estudiar a todo los televidentes nombres absurdos, pero bueno, lo aceptamos porque es una herramienta muy potente (hasta aquí perfecto, lenguaje como herramienta de manipulación masiva), pero ¿Qué pasa con la mala publicidad? (quién dice mala publicidad dice arquitectura, a efectos de vacuidad semántica) se adoptan formas q refieren a conceptos que ya nada tienen que ver con el producto que se está vendiendo o en los casos que tienen que ver, usan herramientas tan manidas (como el ejemplo de las reglas nemotécnicas) que antes de intentar mirar el producto ya estamos pensando:” más de lo mismo” y apagamos la neurona.
Desterremos las palabras mal usadas.
Desterremos el “pozo de luz vertical” (¿Desde cuándo los pozos, de luz o no, fueron horizontales? ¡La gravedad es la gravedad!), desterremos las láminas de agua y las cortinas de aire (y todos los elementos y hasta al capitán planeta), usemos las palabras que necesitamos y si no existen inventémoslas, pero no finjamos realidades (no-realidades) que no son, si no nos gustan nuestras mentiras inventemos otras, pero no las pintemos de verde.

Sobre el billar, la escasez de elefantes o la evolución de los materiales en el 37




Junto al ajedrez, el backgammon, las damas o el mus se sitúa el billar como deporte mental estrella. Este deporte a demás de habernos ofrecido múltiples ratos de  humillación y estudio geométrico y matemático exhaustivos e intensos a lo largo de la historia (personal y social), consiguió que se impulsaran ensayos con ciertos materiales que pudieran sustituir el material base de estas bellas y coloradas (en un inicio) bolas de origen en el s XVI ; y es que casi cuatro siglos de billar habían supuesto muchos elefantes descolmillados (eso o que los franceses ya se estaban oliendo la inminente pérdida de sus colonias en África).

Sea como fuere las investigaciones sobre nuevos materiales que se pudieran fabricar (no arrancar directamente de la naturaleza) se dispararon, se desarrollan ensayos químicos con resinas fenólicas (para nuestras pelotas) lo que desembocaría en todos los textiles y plásticos que hoy se usan, desde el polivinilo clorado, los policarbonatos, los ETFE, los PMMA, los PETA…y más allá de estos las membranas a base de tejidos “tuneados” con estos plásticos (para ciertos personajes “maluchis”, y para los interesados en las nuevas técnicas con infinitas posibilidades).

Pero siempre hay profetas (además de dioses), y muestra de estas avanzadillas, a las que pocas veces se sube la arquitectura, está el pabellón de «Los Tiempos Modernos».

El 15 de diciembre de 1936 Robert Delaunay telefonea a Le Corbusier: «Venga rápidamente, le exigen participar en la Exposición de 1937». Cuenta Le Corbusier: «Teníamos cuatro meses por delante para elaborar un proyecto. Fue casi imposible. Decidimos no renunciar y construir el "Pabellón de los Tiempos Nuevos". En él íbamos a exponer los proyectos y las demostraciones gráficas de cuanto esperábamos realizar. La confección de 1.600 metros cuadrados de documentación fue una tarea agotadora.»

El pabellón formaba una inmensa tienda de campaña con una capacidad total de 15.000 metros cúbicos. Como un grandioso navío, aportaba solución a un arduo problema técnico: 4.400 metros de cable sostenían el techo de una sola pieza de la tienda, que mantenía constantemente un clima agradable. Demostraba que el mármol y la piedra no son indispensables si se quiere conseguir grandes efectos arquitectónicos. Pueden ser suficientes una lona y la ayuda del color.

El pabellón fue inaugurado con la ausencia de las personalidades oficiales. En el libro de visitas puesto a disposición del público las inscripciones daban testimonio de las reacciones que el pabellón producía en el público.

-«¡Esto no se tiene en pie!»
-«¡Quiero ver la obra terminada!»
-«¡Gracias, Le Corbusier, usted nos devuelve la esperanza, la juventud está a su lado».
-«Prueba de la decadencia del sentido artístico francés»
-«Es un sueño grandioso y hermoso; valor, la razón está con usted».

Para más información visitar:

http://revues.unilim.fr/nas/document.php?id=2920

sábado, 24 de octubre de 2009

Si la ciencia nos da acceso al mundo de lo objetivo...


Si la ciencia nos da acceso al mundo de lo objetivo, lo humano nos da acceso al mundo de lo subjetivo. Esta dicotomía (cultura-sociedad y ciencia-tecnología), que había en los inicios del saber científico como disciplina en sus orígenes, provocó una aceleración de ambas facetas brutal. De un lado la ciencia analista-atomista-mecanicista de otro el arte como mímesis de lo natural (o la imposición artificial de una naturaleza interpretada). Pero esta separación (este supuesto de esfera que debió haber servido más como herramienta que como fin), provocó una esquizofrenia en ciertas disciplinas que hacía imprescindible la creación de un nuevo modelo científico que fuera capaz de asumir sistemas superiores y que estos sistemas superiores fueran capaces de interactuar entre sí, surgen las ciencias sociales, surge el estructuralismo (los conjuntos se saben entre sí).
Paralelamente y en lo que aplica a cultura (hablando en el sentido más amplio de cultura) se viró a una cultura de masas, a una espectacularización del sin sentido, al simulacro, y con esto la sociedad de consumo, necesitamos renovar (innovar) porque todo es perecedero a voluntad.
Todo está lleno de huecos que nos negamos a mirar.
Y quién responde a todos estos huecos que hay en la macroescala y en la microescala? Quién dice que el mundo no solo existe en un determinado rango de medida (en las distintas magnitudes), hay mucho más vacío que lleno, y el vacío por mucho que a cierta gente le pese “es”.
Y es que el mundo de las ideas siempre termina volviendo, proyectamos en esta realidad adulterada por los sentidos de cada uno quiénes somos y qué queremos (cosa que, por otra parte, ya han estado haciendo con nosotros desde el principio).
Ya no hay orden y no-orden, ahora es orden y desorden (sí amigos, shit happens, ya lo sabíamos aunque no quisiéramos verlo) hay límites al conocimiento, hay incertidumbre.
Sin embargo, y aunque las ciencias ya han asumido su no omnipotencia, a la hora de dar respuestas a la realidad (aquella incierta-por no decir falsa-realidad), no hemos sido capaces de desprendernos del absolutismo de la cultura de lo masivo, del consumismo, del gritar más que el vecino, del más-mejor-y más nuevo, y es que hemos creado un monstruo que se retroalimenta y que por más que sigamos avanzando vamos a llevar de lastre in aeternum.